jueves, 31 de enero de 2013

Citas #14





Había olvidado que la llamada de la magia era tan fascinante, tan bella. Supongo que nunca había llegado a conocerla de verdad, al menos no de esta forma. Conocía minúsculo hechizos de principiante, pero no este elaborado cortejo entre magia y yo, las promesas que nos hacíamos la una a la otra... Como sucede con un amante, temía su poder y su capacidad para herirme. Pero, como un amante, también prometía una felicidad tan increíble, un poder interior tan pleno... Se estaba mostrando ante mí, y de esa forma me revelaba a mí misma.
¡Guau, escucha eso! A este paso mi próximo trabajo sería escribir un libro titulado A la felicidad por la magia.


Me asqueó pensar que yo había sido así. Me avergonzó. Me llenó de oprobio, por usar una palabra clásica. ¿Y sabes qué era lo peor? Que ahora podía verme con horrorosa claridad. Había cambiado, reconocí con amargura. Odiaba poder verme como había sido. Era horrible saberlo. Nunca sería capaz de volver a no saberlo, de olvidarlo.
No sabía cómo iba a perdonar a River por eso.


La voz de Reyn, suave e insistente, parecía llegarme a la vez desde varios ángulos distintos. Y no era de extrañar, por que se me había echado literalmente encima mientras yo llenaba un bore de cristal enorme con arroz basmati del saco de doce kilos que había en nuestra despensa.
Ojo al dato: he dicho nuestra. Estoy metida hasta las orejas en todo eso del "nosotrismo"